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 | Por Sheri Wohlfert

Enseñar el respeto por toda forma de vida

Una Biblia católica contiene más de 35 500 versículos. Sin embargo, ya en el primer capítulo leemos esta poderosa verdad: “Hagamos al hombre a nuestra imagen, según nuestra semejanza” (Gn 1,26). Esto se refiere a todos nosotros, independientemente de nuestro aspecto, del lugar donde vivamos, de lo que tengamos o de lo que podamos ofrecer. Dios creó a cada ser humano con amor y un plan perfectos, haciéndonos a todos iguales y amados a sus ojos. El resto de las Escrituras gira en torno a vivir o no vivir esta verdad. Si se pregunta cómo respetar tanto la santidad como la dignidad de toda vida humana y enseñar a sus hijos a hacer lo mismo, esta columna es para ustedes.

 

Empiecen por la raíz

Aprender a respetar la vida comienza con las personas más cercanas a nosotros. Los mensajes a favor de la vida empiezan a arraigarse en cosas sencillas, como tratar con respeto a los hermanos, los padres y los abuelos. Escuchar con educación y respeto, así como responder con amabilidad, son excelentes puntos de partida. Ayudar a nuestros hijos a aprender a compartir y a pedir prestado de forma adecuada, así como a practicar la compasión cuando se enfrentan a conflictos y a perspectivas diferentes, sienta las bases para las lecciones más importantes que están por venir.

Porque Dios lo dijo

La primera carta de Juan 4,19 dice: “Nosotros amamos porque Dios nos amó primero”. Estas pocas palabras nos revelan otra verdad importante: el amor es necesario porque nos lo da Dios, y él nos lo da para que, a su vez, podamos dárselo a los demás. No se menciona nada de ganarse o merecer el amor, sino simplemente de recibirlo y darlo. El mundo intenta distraernos de esta simple verdad, pero su sencillez lo deja todo muy claro. Amamos a todos —a los no nacidos, a los marginados, a los molestos y a los difíciles— porque Dios lo dijo.

La cruda realidad

La forma en que nos tratan no tiene nada que ver con la forma en que tratamos a los demás. El mundo está lleno de falta de respeto, pero eso no implica que debamos participar en ello. Cuando empezamos a ver a los demás a través de los ojos de Dios, crecemos en humildad, misericordia y amor, y estas virtudes son necesarias tanto para reconocer como para respetar la dignidad de todos los seres humanos. Vivir esta verdad requiere un compromiso diario de ver con los ojos de Dios, no con los nuestros, porque nuestros ojos solo pueden ver lo que hay en la superficie, no las historias ni los acontecimientos que han moldeado a cada persona.

Temas importantes

Hablen de temas importantes relacionados con la defensa de la vida, como el aborto y la eutanasia, de manera adecuada a la edad de los niños. Las familias pueden abordar estas cuestiones rezando un rosario por la vida, orando por los moribundos y quienes los cuidan, u ofreciendo material y ayuda voluntaria en un centro de apoyo para embarazos en situación de crisis. Abordar estos temas con una actitud de oración y sensibilidad, en lugar de un juicio severo, puede ayudar a nuestros hijos a comprender por qué valoramos la vida y confiamos en la intervención divina del Padre.

La parte práctica

Practiquen el respeto por la dignidad de la vida en las circunstancias cotidianas. Los seres humanos anhelamos la conexión, así que esté atento a quienes podrían necesitar una visita afectuosa o una mano amiga. Presten atención a quienes podrían pasar desapercibidos y ofrézcales un saludo o una oración silenciosa. Al intentar ver a los demás a través de los ojos de Jesús, redirija con delicadeza las conversaciones y actitudes que carezcan de misericordia o de amor. Anímense mutuamente a encontrar formas de amar a quienes son difíciles de amar y propónganse como objetivo mostrar amabilidad cada día a alguien mayor, así como a alguien más joven que ustedes.


Sheri Wohlfert es una esposa, madre, abuela, oradora y escritora católica. Visite su blog en www.joyfulwords.org.

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