¿Están “llevando la cuenta” en su matrimonio?
Ha vuelto a pasar. Y no me ha sorprendido que volviera a pasar.
Esa misma noche, había reaccionado ante la forma en que mi marido había manejado una situación con uno de nuestros hijos. Y mi reacción fue de total desaprobación. Sin reflexionar sobre mi respuesta y, peor aún, sin orar al respecto, me limité a observar, juzgar y reaccionar. Y, como era de esperar, mi indignación resultó infundada.
Me di cuenta de que, desde hacía mucho tiempo, había estado llevando la cuenta, de forma inconsciente, de las veces en que había discrepado de su forma de disciplinar a los niños. A veces lo comentaba con él y otras veces lo guardaba en silencio en mi memoria para volver a sacarlo a relucir cuando lo considerara necesario. Y fue precisamente ese “llevar la cuenta” en silencio lo que me llevó a observar, juzgar y reaccionar aquella noche en concreto.
Me había quedado anclada en situaciones pasadas que percibía como fallos suyos como padre. El mero hecho de aferrarme a esas supuestas faltas significaba que nunca le había perdonado ninguno de sus “errores” anteriores. Es más, él ni siquiera era consciente de lo que yo sentía al respecto hasta ahora, cuando le he reprendido con aire de superioridad moral por haber actuado mal… otra vez.
Jesús nos dice: “Pues si perdonan las faltas a los demás, también el Padre celestial les perdonará a ustedes sus faltas, pero si no las perdonan, tampoco el Padre perdonará las de ustedes” (Mt 6,14-15).
Cuando actuamos desde la falta de perdón en el matrimonio, nuestros corazones se endurecen. En este caso, en lugar de buscar una mejor forma de abordar la situación, se convirtió en un enfrentamiento entre él y yo, en el que yo me erigía en la madre perfecta.
Creo que esto es lo que Jesús quiere decir cuando afirma: “También el Padre celestial les perdonará a ustedes sus faltas”. ¿Cómo puede nuestro Señor traspasar mi corazón con su amor si este permanece endurecido por la falta de perdón? Y si no permito que el Señor traspase mi corazón con su amor, ¿cómo voy a poder amar también a mi cónyuge?
Afortunadamente, en nuestro caso, la situación no era grave y logramos resolverlo. Pero toda la experiencia me sirvió para recordar que “[El amor] no se irrita ni vive de rencores” (1 Cor 13,5). Perdonar a nuestra pareja nos ayuda a “borrar el marcador”, mientras que la paciencia, fruto del Espíritu Santo, nos ayuda a responder, en lugar de reaccionar ante los desacuerdos en nuestro matrimonio.
[El amor] no se irrita ni vive de rencores” (1 Cor 13,5).
Jane Fawcett es redactora y correctora de estilo independiente al servicio de empresas y organizaciones católicas (jfawcettcommunications.com).