Liderazgo intergeneracional
Dado que los estadounidenses viven y trabajan más tiempo, es posible que los líderes actuales se vean obligados a atender a cuatro generaciones en un mismo lugar de trabajo. Aunque las experiencias y las expectativas difieren, todos quieren lo mismo: sentirse comprendidos y valorados en el trabajo. A medida que los millennials y la Generación Z siguen representando una parte cada vez mayor de la población activa, las expectativas hacia los supervisores (de cualquier generación) se vuelven inevitablemente más complejas. A continuación, le ofrecemos tres formas de asegurarse de que está satisfaciendo eficazmente las necesidades de su equipo.
Describa la experiencia que se compromete a ofrecer.
Las generaciones más jóvenes tienden a considerar más importante la “experiencia” del entorno laboral en lo que respecta a su equilibrio general de vida que las generaciones anteriores. Por este motivo, podría resultar útil involucrar a los miembros más comprometidos de su equipo para que le ayuden a elaborar un resumen de una página que describa su compromiso con quienes se incorporen a la empresa. ¿Qué tipo de liderazgo les ofrecerá? ¿Qué tipo de ritmo deben esperar? Esto no solo sirve como una valiosa herramienta de discernimiento para los candidatos, sino que también puede convertirse en una herramienta útil en el futuro si no se cumplen las expectativas de ninguna de las partes.
Guíe, no rescate.
Es importante fomentar la conciencia de uno mismo y la responsabilidad individual entre los miembros del equipo. Como líderes, no podemos hacer felices a las personas. Sin embargo, debemos ayudarles a comprender qué capacidad de acción tienen para mejorar su situación o entablar conversaciones con quienes sí pueden hacerlo. Cuando alguien acuda a usted con una necesidad o una preocupación, plantee preguntas abiertas que le animen a profundizar en lo que le preocupa.
Céntrese en el crecimiento, no en la retención.
Nunca queremos perder a buenos empleados, pero a veces necesitan dar un paso adelante. Dirija desde una perspectiva orientada a su crecimiento personal y profesional, en lugar de centrarse en estrategias de retención. Esto ayuda a las personas a responder al llamado de Dios y, con suerte, a retenerlas al mismo tiempo. Cuando los empleados saben que usted los valora de verdad lo suficiente como para animarlos a seguir su corazón, se gana su profunda confianza.
No existe una “fórmula” para ser un buen líder. No hay una solución válida para todos los casos. Sin embargo, cuando tenemos claras las expectativas, escuchamos de forma proactiva, formulamos preguntas acertadas y nos centramos tanto en la dignidad como en las aportaciones que una persona puede realizar más allá de su función específica; nos colocamos en una posición que nos permite involucrar de manera eficaz a todas las generaciones.
Dan Cellucci es el CEO del Catholic Leadership Institute.