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 | Por El Padre Michael Schmitz

Dejándonos llevar por la voluntad de Dios. ¿Esto es algo real?

P: ¿Cuál es la diferencia entre dejarse llevar por la vida y dejar que Dios haga su voluntad en tu vida? La verdad es que no he perseguido muchos de mis objetivos vitales porque amo a Dios y quiero complacerlo haciendo lo que él quiere que haga. ¿Debería vivir así? ¿Es este un enfoque erróneo respecto a los objetivos vitales y a cumplir la voluntad de Dios?

R: Gracias por escribirme y por hacer esta pregunta tan importante.

Una cosa que parece que tienes muy clara es el concepto de “la voluntad de Dios en todas las cosas”. Es de vital importancia que entendamos un par de cosas clave con respecto a la voluntad de Dios. La primera es esta: no todo lo que ocurre es resultado del “plan de Dios”. A veces, cuando ocurre una tragedia, o alguien sufre, o fallece un ser querido, una persona bienintencionada (pero equivocada) dirá: “Esto formaba parte del plan de Dios”. Una vez más, esto no es necesariamente cierto en todos los sentidos.

Al crear un mundo fuera de sí mismo, Dios estableció ciertas “leyes”. Creó tanto la física como la química, y el mundo material, que funciona tal y como Él lo creó. Pero una consecuencia de esto es que no todo lo que ocurre en este mundo es resultado de lo que Dios haya querido directamente. Por eso, tenemos que darnos cuenta de que Él no es el “causante” de que sucedan todas las cosas. Además, los seres humanos (también los ángeles y los demonios) tienen libre albedrío y pueden elegir cosas claramente contrarias a la voluntad de Dios.

Tenemos que entender la diferencia entre la “voluntad perfecta” de Dios y la “voluntad permisiva” de Dios. La primera es cuando Él decide directamente si algo sucederá o no. Esto es siempre, de forma inmediata y en última instancia, para bien. La segunda es cuando Él permite que algo suceda. Esto no es necesariamente algo bueno de inmediato. De hecho, Dios a menudo permite que sucedan cosas malas. Lo hace por un par de razones (que nosotros sepamos). Primero, permite que sucedan cosas malas para preservar el don del libre albedrío que nos ha dado. Segundo, permite el mal porque sabe que puede lograr un bien mayor. En este punto, es importante señalar que Dios no causa el mal para lograr un bien (eso sería malo e imposible de hacer para un Dios totalmente bueno). Más bien, Él permite que suceda algo contrario a su voluntad porque sabe que puede usarlo para un bien aun mayor.

Si esto es cierto, entonces se deduce que podemos someternos con confianza a todo lo que nos sucede, entendiendo que forma parte de la “voluntad de Dios”. Puede ser algo bueno que Él haya querido directamente, o algo malo que haya permitido que sucediera, y a través de ello puede surgir algo bueno. Por eso, el hecho de que hayas “dejado que las cosas de la vida te sucedan” no es en absoluto algo malo. De hecho, ¡muchas personas recibirían una gran bendición si empezaran a ver los acontecimientos de su día a día como parte de la voluntad de Dios con mayor frecuencia!

Y, sin embargo, aunque podemos decirle “sí” a Dios en cualquier momento, ya que él está presente en todas las cosas y quiere todo lo que ocurre, ya sea de forma perfecta o permisiva… también podemos discernir el camino a seguir y los objetivos.

En algunos círculos cristianos existía una especie de error que a veces se denominaba “quietismo” o “fatalismo”. La idea es que no debemos hacer nada por nuestra cuenta, sino limitarnos a quedarnos quietos y esperar a que nos pase algo. Lo atractivo de esta postura es que nunca tomaremos una decisión equivocada (porque no estamos tomando NINGUNA decisión). Pero la verdad es que no decidir es decidir.

Al mismo tiempo, ¡la decisión de “estar abierto” a la voluntad de Dios es una decisión! Y la decisión de aceptar todo tal y como viene, como un regalo de Dios, no es en absoluto perjudicial, negativa ni una mala idea. Pero creo que esta decisión debe partir tanto de la confianza como de la voluntad, y no solo porque a uno le dé miedo elegir mal o no le guste tomar decisiones.

Pero también hay algo que honra mucho a Dios en el proceso de fijar metas. Y parte de eso tiene su origen en la forma en que nos ha creado. Él nos hizo con intelecto y razón. Por eso, tenemos la capacidad de discernir el bien en toda su complejidad y elegir un camino entre muchos. A menudo podemos elegir entre un montón de opciones, y eso es bueno.

Parte de ajustar nuestra voluntad a la de Dios es ese proceso maravillosamente complejo de tomar decisiones. Tenemos la oportunidad de “cooperar” con Dios. No solo como receptores pasivos, sino también como participantes activos.

Teniendo esto en cuenta, podrías dar un paso adelante y tomar una decisión. Esta decisión podría llevarte hacia una relación o alejarte de ella. Podría consistir en discernir sobre una comunidad religiosa o en hablar con tu párroco sobre la posibilidad de vivir como soltero consagrado. Pero en cualquiera de estos casos, estarías caminando con Dios: utilizando los dones que te ha dado y aprendiendo aún más claramente a escuchar su voz. Es más, en este proceso, tendrás que escuchar la voz de Dios a lo largo del camino y aprender cuándo te llama a perseverar, cuándo ajustar tu rumbo o cuándo detenerte y dar marcha atrás. ¡Piensa en cómo esta interacción dinámica te acercaría aún más al Señor!


Publicado el 28 de junio de 2018

(bulldogcatholic.org).

Utilizado con permiso.


El Padre Michael Schmitz es director del ministerio para jóvenes y adultos jóvenes de la Diócesis de Duluth, así como capellán del Centro Newman de la Universidad de Minnesota Duluth.

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