| Por Adam Cross

Entonces, ¿por qué ser “religioso”?

¿Has oído alguna vez a alguien decir: “Soy espiritual, pero no religioso”? La mayoría de la gente cree en Dios, y un gran número quiere seguir a Cristo, pero muchos rechazan la religión y todo lo que conlleva. Entonces, ¿por qué deberíamos ser religiosos cuando podemos ser espirituales?

 

Por el amor de...

Cuando pensamos en Jesús y en la religión, podemos recordar en primer lugar que él, de hecho, era religioso. Esto significa que Dios descendió a nosotros y siguió los preceptos, o “reglas”, de la ley judía. Jesús no lo hizo porque las reglas sean divertidas, sino por puro amor a Dios Padre. Jesús era religioso porque la religión es una historia de amor. También dejó claro que su plan no era en absoluto destruir la religión, sino cumplirla. Creó una Iglesia, una familia, donde podemos amar al Señor con toda nuestra vida y con todo nuestro ser.

La enchilada entera

En las Escrituras, vemos que Jesús cumplió el Antiguo Testamento con el establecimiento de la Iglesia, por amor al Padre. El amor de Jesús por el Padre, como Hijo, está en el centro mismo de su pasión, muerte y resurrección. Entonces, ¿por qué deberíamos ser religiosos, en lugar de simplemente espirituales? Porque imitar a Cristo significa dar toda nuestra vida por el Padre. La religión no es sólo un montón de reglas; más bien, significa cambiar nuestra forma de vivir porque amamos a alguien tan profundamente. Nuestra fe implica cambiar nuestra forma de actuar y hablar, lo que vemos, lo que hacemos, y cómo vivimos porque amamos a Cristo e imitamos su amor por el Padre.

La propuesta

Las Escrituras también están llenas de imágenes de Jesús como el Novio, y adivina qué, ¡tú eres la Novia! Lo siento, chicos, pero la Iglesia en su conjunto es la Novia de Cristo. Esto significa que recibimos su amor, su gracia y su misericordia. Como el Novio, Jesús nos revela que nuestra fe es como un matrimonio, no sólo una cita. Dios quiere algo más que simplemente pasar buenos momentos con nosotros; quiere nuestras vidas enteras, para la eternidad. Si estamos casados o comprometidos con nuestro amado, por ejemplo, no salimos y hacemos lo que queremos, con quien queremos. Dios nos pide nuestra fidelidad y que nuestras vidas cambien en relación con él. De esto se trata la religión: de la fidelidad al Señor en todo lo que hacemos.

El cuerpo

Por último, Dios nos llama a entregarle nuestras vidas por completo, pero no nos pide que lo hagamos solos. Cristo nos da la Iglesia como centro de nuestra religión y de nuestra historia de amor. La Iglesia no está formada por personas perfectas, sino que es el lugar al que la gente acude para recibir el amor tangible de Dios y ser enviada al mundo con él. En la Iglesia, y a través de ella, estamos llamados a adorar como uno sólo. En la Iglesia, y a través de ella, Dios nos da un verdadero maestro, una verdadera comunidad, verdaderos sacramentos tangibles y personas reales con las que caminar. En el Cuerpo de Cristo, tu espiritualidad cobra vida, se hace tangible y se comparte con los que te rodean de manera poderosa.

Entonces, ¿deberíamos ser espirituales? ¡Por supuesto! Pero nunca te detengas ahí. Dios te invita a profundizar en una relación cercana y personal con él que lo cambia todo. Tu fe te da una verdadera familia a la que amar, adorar e incluso con la que luchar. Ser parte de la Iglesia Católica te prepara para conocer, amar y servir a nuestro amado Señor tanto en esta vida como en el mundo venidero.


Adam Cross es un terapeuta matrimonial y familiar licenciado en California, y trabajó como ministro de la juventud en su parroquia local durante 8 años. A Adam le encanta integrar la fe católica en su práctica terapéutica.

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