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 | por Maria Cintorino

Sacramentales para el hogar católico

 

Al entrar en una casa, podemos hacernos una idea de cómo son sus habitantes a partir del ambiente y la decoración. Podemos deducir si la persona que vive allí es minimalista o maximalista, un ratón de biblioteca, un cocinero empedernido o un apasionado del deporte. Del mismo modo que nuestros hogares reflejan nuestra personalidad y nuestros intereses, también pueden reflejar nuestra fe a través de la disposición de los sacramentales.


Pero ¿qué es exactamente un sacramental? El Código de Derecho Canónico los describe como “signos sagrados establecidos por la Iglesia para significar y obtener, mediante su intercesión, efectos espirituales, a imitación de los sacramentos”. (Código de Derecho Canónico 1166). En otras palabras, los sacramentales son objetos o acciones sagrados que nos otorgan la gracia. Por eso se describen como “signos”, porque podemos verlos o tocarlos físicamente, o realizar una acción (como hacer la señal de la cruz). Los sacramentales transforman los objetos cotidianos en un encuentro con la gracia de Dios, llevando lo sagrado a los momentos ordinarios de nuestras vidas.


Quizás ya conozcas algunos sacramentales: un rosario, un crucifijo o una medalla, el agua bendita, hacer una genuflexión o la señal de la cruz. Cuando traigas nuevos sacramentales (objetos físicos) a tu casa, asegúrate de que los bendiga un sacerdote o un diácono de tu parroquia.



Cinco sugerencias 
 

  • Agua bendita
    Como recuerdo de nuestro bautismo, podemos bendecirnos con agua bendita en casa. Nos protege del mal, fortalece nuestra determinación ante la tentación y nos recuerda la gracia de Dios en nuestras vidas. Usa este poderoso sacramental para bendecirte a ti mismo y a tus hijos, o incluso para rociarla por toda la casa. Puedes conseguir agua bendita en tu parroquia o pidiéndola a un sacerdote. 
     

  • Crucifijo 
    Como cristianos, seguimos a un Salvador crucificado. De hecho, la Iglesia primitiva consideraba la cruz —que normalmente es un símbolo de opresión y derrota— como símbolo de victoria. Por eso, la Iglesia nos anima a tener un crucifijo en casa. El crucifijo nos recuerda el amor incondicional de Dios y nos invita a ofrecerle nuestras vidas y nuestro trabajo, en unión con su sacrificio en la cruz. Y en los momentos difíciles, nos recuerda que debemos entregar nuestras cargas al Dios que las llevó por nosotros. 
     

  • Escapulario marrón
    En 1251, María se le apareció a san Simón Stock, prior de la orden de los Carmelitas, y le entregó un escapulario: una pieza de tela que se lleva alrededor del cuello. El escapulario era un signo de estar bajo el “yugo” de Cristo (véase Mt 11,30) y de estar dedicado a su servicio. Aunque al principio solo se usaba como parte del hábito carmelita, con el tiempo surgió una versión más pequeña para que la usaran los fieles laicos. Al llevarlo, reconocemos a María como nuestra madre y nos ponemos bajo tanto su cuidado maternal como su intercesión. Incluso hay un rito especial —llamado investidura o inscripción— que puedes celebrar al empezar a llevar el escapulario marrón. ¡Pídele a tu párroco que lo celebre contigo!
     

  • Rosario 
    Tener un rosario a la vista en casa nos anima a mantener a Cristo y a su madre en el centro de nuestras vidas. Tomándonos de la mano mientras avanzamos de una cuenta a otra, María nos guía a través de los misterios de su Hijo, permitiéndonos ver su vida a través de sus ojos.
     

  • Imagen sagrada
    Decoramos nuestros hogares con fotos de nuestros seres queridos para recordarlos fácilmente, así que, ¿por qué no tener una estatua o una imagen sagrada para recordar a Cristo, a Nuestra Señora o a algunos de los santos? Ver sus imágenes nos ayuda a recordar que formamos parte de una familia celestial y nos anima a buscar su amistad a lo largo del día. Encuentra algunas obras de arte sacro para tu hogar que te animen a rezar y a reflexionar. 

 



Maria Cintorino es licenciada en teología. Sus escritos han aparecido en varias publicaciones, como Homiletic and Pastoral Review, Our Sunday Visitor y National Catholic Register.