
Cuando llegue el momento de dejar ir a los niños …
“Inicia al niño en el camino que debe seguir, y ni siquiera en su vejez se apartará de él” (Pr 22,6).
“Inicia al niño en el camino que debe seguir, y ni siquiera en su vejez se apartará de él” (Pr 22,6).
Cuando nuestros hijos son pequeños y estamos hasta las rodillas de pañales, rabietas y entrenamiento para ir al baño, anhelamos que sean más independientes. Luego, en un abrir y cerrar de ojos, los hemos acompañado en la escuela, deportes, tareas, citas y conducción, y ahora es el momento de dejarlos ir, de enviarlos a practicar la independencia que hemos pasado casi dos décadas ayudándolos a desarrollar. Acompañar a los niños en esta etapa de sus vidas puede ser un reto emocional para los padres, por lo que nos gustaría ofrecerles algunos consejos.
Cuando nuestros hijos son pequeños y estamos hasta las rodillas de pañales, rabietas y entrenamiento para ir al baño, anhelamos que sean más independientes. Luego, en un abrir y cerrar de ojos, los hemos acompañado en la escuela, deportes, tareas, citas y conducción, y ahora es el momento de dejarlos ir, de enviarlos a practicar la independencia que hemos pasado casi dos décadas ayudándolos a desarrollar. Acompañar a los niños en esta etapa de sus vidas puede ser un reto emocional para los padres, por lo que nos gustaría ofrecerles algunos consejos.
No se van con las manos vacías
Han pasado años enseñando, modelando, orando y guiando a sus hijos, y su misión ha sido mantenerlos tanto santos como seguros. Confíen en que llevarán esas lecciones y buenos ejemplos con ellos. Los han preparado con amor, y el siguiente paso es dejar que apliquen lo que han aprendido.
El cambio
A medida que nuestros hijos comienzan a practicar su independencia, nuestro papel cambia de protector y proveedor principal a recurso y referencia. Han entrado en la etapa en la que es hora de dejarles descubrir lo que no saben y no entienden, para que luego les pidan consejo en lugar de ofrecerles un flujo constante de “Yo creo que deberías…”.
Dejar a un lado la preocupación
Sí, nuestros hijos cometerán errores; tomarán malas decisiones; conocerán a personas que demuestren comportamientos, creencias y actitudes con las que no estamos de acuerdo; serán puestos a prueba, tentados y abrumados a veces. Pero no dejen que eso les lleve a una preocupación constante. Muchas de las experiencias por las que pasamos y que nos han convertido en los adultos fuertes y fieles que somos hoy en día fueron difíciles, pero las superamos. Lo mismo ocurre con nuestros hijos, por lo que “salvarlos” de todas las cosas difíciles los pondrá en desventaja. Para traer algo de paz a la preocupación, una línea en particular de la Carta de Pablo a los Filipenses ofrece una gran verdad: “Estoy firmemente convencido de que el que comenzó en ustedes una buena obra la irá completando hasta el día de Cristo Jesús” (1,6). Nuestros hijos se irán de casa, pero nunca se irán del amor, la protección y gracia de Dios. Han desempeñado un papel muy importante en la “buena obra que Él comenzó”; ahora dejen que Él la lleve a término.
Preparar lo esencial
Más importante que comprar calcetines y ropa interior nuevos, así como asegurarse de que el coche esté en buen estado, es ayudarles a mantener la fe católica en sus corazones. Asegúrense de que se vayan de casa con una Biblia y un libro de oraciones. El envío es su trabajo; la apertura, de ellos. Enviar de vez en cuando una medalla, una estatua o una estampa religiosa en un paquete es un poderoso recordatorio de que cuentan con una gran ayuda. Enviar de vez en cuando una cita de las Escrituras que se relacione con algo que esté sucediendo en su vida puede ofrecer consuelo y paz.
La verdad entre lágrimas
Como madre, mis hijos y nietos son “todo mi corazón”, y eso es un hermoso regalo, también una gracia de la maternidad, pero se supone que yo no debo ser “todo su corazón”. Dios nos dio a mi marido y a mí el regalo de los hijos para que los criáramos como suyos, no para que fueran nuestros mejores amigos, vivieran en nuestro sótano para siempre y fueran el centro de nuestra vida social. El amor que les tenemos debe acompañarlos mientras encuentran el lugar en la vida que Dios ha planeado para ellos. Ese anhelo en mi corazón de “tenerlos pequeños de nuevo” es mi recordatorio para rezar por ellos, pedirle a Dios que los proteja y guíe; además recordar que él los ama más de lo que yo podría.
Sheri Wohlfert es una esposa, madre, abuela, oradora y escritora católica. Su blog está en www.joyfulwords.org.